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jueves, 11 de septiembre de 2014

Salvar 5000 millones de huevos

Juan Pedro Diego - 9:25

Cada día el cubo de basura es testigo de cómo lo llenamos con desperdicios de comida que en ocasiones desechamos por cuestiones nimias. Esas pequeñas cantidades multiplicadas por los miles de hogares de una ciudad y por los desechos producidos por industria, hostelería y cadenas de distribución acumulan una factura de comida tirada que ha llamado a un movimiento global. Se dice que los problemas globales tienen soluciones locales, por eso desde la FAO se ha iniciado una campaña de concienciación para evitar que alimentos comestibles puedan acabar en los contenedores o desaprovechados en vertederos. Como dato interesante exponen una reflexión contrastada: los alimentos tirados al cubo de la basura se destinan a basureros donde se acumulan y compactan sin aire. Las bacterias y microorganismos realizan la labor de descomposición, produciendo metano, un gas más responsable del efecto invernadero que el dióxido de carbono.

En España, la media sitúa los desperdicios de cada ciudadano en 135 kilos anuales de alimentos. Una parte se desecha en casa (40%), la misma cantidad que en los procesos de fabricación. Aunque la FAO ha puesto el punto de mira en las cadenas de supermercados. Se da la ironía en supermercados estadounidenses de que los empleados llegan a tirar el stock de judías verdes presente en el local, pese a ser aptas para el consumo, para hacer hueco a la nueva entrega. Este alarmante hecho grabado por cámaras de televisión avergonzó a directivos de cadenas de distribución, llevando a una política totalmente diferente de aprovechamiento de los alimentos. A uno de estos sorprendidos directivos se le ocurrió marcar en los huevos la fecha de puesta, de forma que cuando en un cartón apareciera un huevo roto ya no tuviesen los empleados que tirar todo el cartón, sino sustituir el huevo caído en combate. Según los cálculos realizados por su propio supermercado se podrían salvar 5000 millones de huevos cada año siguiendo este método.

Dice el refrán: “No hay mal que por bien no venga”. La dichosa crisis económica ha colaborado a crear una conciencia que valora más los alimentos y recursos disponibles. Desde algunas instancias relacionadas con la alimentación se hace un llamamiento a no tomar la fecha de consumo preferente como fecha de caducidad, sino como lo que es: la fecha de máxima frescura. Simplemente con bajar la temperatura del frigorífico se puede lograr dar más vida a los alimentos.

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